Suerte de Saavedra echa de menos el mercadillo tras su traslado al Polígono Industrial El Nevero.
Suerte de Saavedra echa de menos el mercadillo tras su traslado al Polígono Industrial El Nevero.

Suerte de Saavedra echa de menos el mercadillo tras su traslado al Polígono Industrial El Nevero.

A tan solo unos días de que se cumpla el primer aniversario del traslado del mercadillo de los domingos de Suerte de Saavedra al polígono El Nevero, los vecinos, comerciantes y hosteleros recuerdan con nostalgia el ambiente del que era el día grande del barrio. Aunque hay opiniones para todos los gustos, en su mayoría el mercadillo se echa de menos, y mucho.
La jornada de los domingos empezaba poco antes de las 6.00 horas, cuando los comerciantes instalaban sus puestos improvisados para el día de venta. Los bares acompañaban a estos trabajadores abriendo sus puertas y preparándose para la llegada de los más madrugadores. Los churros eran una de las delicias más solicitadas durante la mañana. Ana Belén Rodríguez, dueña de la churrería Janita en la avenida Felipe Trigo, preparaba unos quince kilos de masa de churros para ese día. Ahora, a lo sumo, necesita ocho. «Era el día grande, el que salvaba el resto de la semana», asegura. Para esta trabajadora, el traslado del mercadillo ha supuesto una bajada de más de un 50% de la caja.
 
La misma pérdida es la que calcula Maribel Alcántara, comerciante en un ultramarinos. Los usuarios no solo consumían en los puestos del propio mercadillo, sino que la mayoría de los establecimientos de la zona se beneficiaban del gran tránsito de personas que se vislumbraba cada domingo. «El tráfico de gente es mucho menor, apenas vienen los vecinos del barrio. El día de mercadillo, las bebidas, el pan y el fiambre se agotaban. Por lo menos el 50% de nuestras ventas era gracias a él», apunta Maribel.
Pero, además de los establecimientos de desayunos y las pequeñas tiendas, los bares se llenaban desde primera hora y hasta el medio día. Los hosteleros hacían su agosto durante esa jornada. Manuel Rodríguez es empleado del bar Manhattan II desde hace 17 años. Vivió la época anterior al mercadillo de Suerte de Saavedra, los 12 años del mercado en Antonio Hernández Gil y este último en el que el mercadillo del barrio ha quedado únicamente en el recuerdo. Cuando se para a pensar e intenta echar cuenta, él lo tiene claro: «Este ha sido el peor año. Se ha vuelto atrás. El mercadillo se echa de menos, era el día que más caja se hacía y ahora nos quedamos solo con nuestros clientes del barrio», apunta. Incluso a algunos hosteleros se les ha pasado por la cabeza la idea de cerrar.
 
La dueña de la churrería Janita visita los martes a sus antiguos clientes en el mercadillo de ese día. «Los vendedores venían siempre y cuando me ven hasta me piden que me vaya con ellos, que me mude al Nevero. Y quizás hasta merecería la pena», explica. Otro de los negocios de la zona, una pollería, va a cambiar de dueño. Rubén es aún el propietario, pero va a dejar el alquiler y devolverle el establecimiento a su antiguo jefe. Tiene otra pollería en la calle Juan Pereda Pila y aunque antes veía como merecía la pena mantener la de Suerte de Saavedra junto a esta, ya no lo ve igual. «Trabajábamos cuatro personas el domingo. Vendíamos más de cien pollos ese único día, bastante más que en la otra pollería. Ahora estoy yo solo y me basto. Tendré que decirle adiós», indica.
 
Pero a pesar de esta visión negativa, algunos hosteleros defienden que si se observa, todos los establecimientos se han mantenido, lo que indica que se puede seguir adelante sin mercadillo. «Desde luego era una gran ayuda, pero de un día a la semana no sobrevive un negocio. Todos continuamos aquí y aunque echemos de menos el mercadillo hemos sobrevivido», declara Andrés Santisteban, propietario de un bar-bocatería de la zona.
 
Pero no solo los hosteleros y comerciantes echan de menos el mercadillo. Aunque entre los vecinos las opiniones son más diversas, la mayoría insiste en que se le ha quitado la vida al barrio. Víctor Manuel Saavedra desayuna junto a su familia en un bar de la zona. Solo con nombrarle la palabra mercadillo, todos se aúnan bajo una sola opinión: «Queremos que vuelva». Tiene cuatro hijos, lleva en Suerte de Saavedra 18 años, y asegura que ese día aprovechaba para vender prendas de ropa y sacarse un sueldo con el que mantenerlos. El control policial de la nueva zona ya no se lo permite y lleva un año pasando una época muy dura. Basilio Salazar también reside en el barrio. En estos doce años recalca que, a pesar de algunas molestias que pudiera generar el mercadillo, era el día del barrio. «Nos pareció fatal que se lo llevasen y ahora, después de un año, se ha demostrado que se le ha quitado su vida al barrio», declara. Otro grupo de ancianos, que pasan la mañana sentados en la plaza Miguel Delibes, también recuerdan con nostalgia esos domingos. «Nos gustaba ver gente». Además, tal y como recalca el hostelero Andrés Santisteban, «era una manera de que el resto de pacenses viniese al barrio y descubriese que la mala imagen que tiene no es del todo cierta. Ya no vendrán a verlo».
 
Sin embargo, algunos también defienden la parte positiva del traslado. El representante de la Plataforma para la Recuperación de este barrio, Antonio Chacón, asegura que «Suerte de Saavedra ha cambiado. Ha mejorado en limpieza, seguridad y tranquilidad. Imprescindibles para la barriada».